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Como afecta a Latinoamérica la comercial China – Estados Unidos


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Como afecta a Latinoamérica la comercial China – Estados Unidos

 

Ante el temor a una espiral de medidas y contramedidas de corte proteccionista, la economía mundial se estremeció. Cayeron las Bolsas, con todo lo que eso conlleva como reflejo de, pero también de repercusiones sobre, la economía real.

A las protestas contra los subsidios de China a sus exportaciones, se suma el voluminoso déficit norteamericano en el comercio bilateral, la denuncia de “robo de propiedad intelectual” por las prácticas chinas para hacerse de tecnología, y las consecuencias de estas prácticas sobre el empleo y la fortaleza industrial de Estados Unidos.

 

El gobierno chino busca desactivar esas acusaciones, que no sólo afectan su comercio exterior sino también la inversión de las corporaciones chinas en el extranjero.

 

La respuesta de Pekín fue medida, adecuada a los términos en que China viene aún enmarcando lo que llama su “ascenso pacífico”, y a los intereses todavía compartidos entre ambas potencias: Estados Unidos es uno de sus principales mercados de exportación, y a la vez China sostiene financieramente a Washington al ser el principal tenedor mundial de bonos del Tesoro norteamericano.

 

De fondo, el plano comercial no es más que un aspecto parcial de un conflicto que atañe a la competencia hegemónica entre las dos mayores potencias del siglo XXI, y que por eso impregna todos los campos de las relaciones internacionales.

 

Por detrás asoma el debilitamiento industrial y exportador de Estados Unidos y la sobreproducción china en acero y electrónicos. Y por delante todo ello empieza a traducirse en movidas de ajedrez mundial.

 

La creciente influencia de China y de sus socios locales y la puja de intereses encontrados entre las potencias en la región tiene probablemente mucho que ver con que el proceso latinoamericano de integración esté transitando más bien por un camino de des-integración.

 

Ambas potencias tienen numerosos instrumentos de presión para imponer sus prioridades comerciales y políticas: son los grandes compradores de nuestras exportaciones -soja, minería, petróleo-; son los grandes proveedores de bienes industriales y de capital; y son los grandes inversores y prestamistas de los que en buena medida dependen las balanzas de pagos y hasta los empleos de la región.

 

Muchas grandes corporaciones chinas se han convertido en los socios externos de poderosos sectores agrarios, industriales, comerciales y financieros locales, a través de los cuales las corporaciones estatales y privadas de China adquieren influencia económica y política y obtienen contratos, en el marco de asociaciones bilaterales o interregionales que perfilan un verdadero “consenso de las infraestructuras”. En muchos casos lo hacen desplazando a empresas estadounidenses o europeas.

 

 

Muchos de quienes advierten sobre ciertos efectos nocivos de estas estrategias, paralelamente adhieren a la fórmula de aprovechar las oportunidades que ofrece el crecimiento de China y, al tiempo que previenen sobre los desafíos planteados por el ingreso masivo de sus productos industriales y por la tendencia reprimarizadora, sugieren ampliar la oferta exportable a China incorporando valor agregado a las producciones primarias mediante la atracción de capitales chinos para la construcción y financiamiento -provistos por China- de obras de infraestructura (ferrocarriles, puertos, túneles, rutas) dirigidas a facilitar las exportaciones también a China.

 

Estrategias de adaptación estructural que nuestros países ya transitaron con distintos socios en la historia y que podrían remachar el conocido cerrojo del atraso industrial y la dependencia económica. La “sojización” de las economías argentina y brasileña, como la unilateralización de las de Venezuela y Ecuador hacia el petróleo, las de Chile y Perú hacia la producción minera y otros pocos bienes primarios, etc. están en el trasfondo del déficit comercial, el debilitamiento industrial, la dependencia financiera, los condicionamientos políticos, y en general de una vulnerabilidad externa que ?más allá de ventajas ocasionales? la guerra comercial en ciernes no puede sino acentuar.

 

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